Entrevistamos Steven Pérez Henríquez

Detalhe de la portada del libro «Les Damnés de la Terre», de Frantz Fanon

Steven Pérez Henríquez candidato a psicoanalista por ILAP, tiene 30 años y cursa el tercer año de la formación. Labora como psicoterapeuta en clínica San Juan en Managua, Nicaragua.

Entrevistado por Lorena Polo

  • ¿Cómo puede contribuir el psicoanálisis a la discusión de problemas en el mundo contemporáneo, como el cuidado de refugiados y personas en situaciones de miseria social? ¿Cuál sería el posible marco y sus límites?

Me parece que toda psicoterapia tiene como finalidad aliviar el sufrimiento, más allá de las diferencias teóricas y técnicas entre cada corriente. Dentro de esas opciones terapéuticas la contribución del psicoanálisis a la discusión de estos fenómenos tan complejos podría ser el presentarle a las personas en situación de riesgo social extremo la posibilidad de retomar o reescribir su propia biografía. Es algo que se dice fácil, para lograrlo se requieren de varios procesos, entre ellos el establecimiento de dialogo multidisciplinario para el beneficio de las comunidades en riesgo. ¿Cómo rescribir la propia historia personal cuando el desplazamiento forzoso de un país en conflicto a un “país seguro” conlleva a múltiples perdidas, abandonos, duelos, vínculos rotos, o cuando la pobreza golpea tan fuerte que invisibiliza a comunidades enteras situándolas a la periferia de la sociedad? Antes de narrar una historia hay que aprender a usar las palabras.

El psicoanálisis frente a estas situaciones debe bajarse de la torre aislada del consultorio y de las interpretaciones grandilocuentes para aprender a escuchar las voces comunes, no a los edipos ni a los hamlets. Darle la palabra al que ha sido silenciado o, permitirle callar a quien está cansado de hablar y de ser hablado por “los otros”.

  • Hemos visto una serie de desastres ambientales que tienen importantes impactos sociales. ¿Cómo podría contribuir el psicoanálisis a estas situaciones?

Quizás ante estas situaciones caóticas, catastróficas, sumamente angustiantes, el psicoanálisis podría establecer las condiciones para introducir poco a poco en las personas afectadas experiencias más tranquilizadoras, un remanente de humanidad ante tanto pánico y desastre. Casualmente escribo estas líneas mientras el Codvid – 19 se ha extendido por todos los continentes poniendo en alerta a todo el planeta. En Latinoamérica, en el tercer mundo, donde los sistemas de salud públicos son precarios y las necesidades más básicas escasean, el terror ha invadido todos los espacios sociales, y no es para menos. La histeria colectiva como concepto para describir el pánico social consecuente a la pandemia reaparece en todos los medios. Más allá de consideraciones teóricas que pueden ser impertinentes en estos momentos, es palpable la angustia que nos genera el enfrentarnos ante nuestra propia fragilidad, como si nos hubiéramos creído la ficción de que somos ángeles caídos o, “la especie dominante y más deslumbrante de la evolución”. El psicoanálisis entiendo, opera desde lo humano, no desde lo profético ni desde lo mágico, y el psicoanalista es también una persona, no un profeta o un gurú, es alguien sujeto a temores e incertidumbres, por ende, su discurso situado en la realidad de la experiencia compartida funcionaría, espero, como una práctica “ordenadora” ante el caos circundante. Los desastres no son habituales, pero son azarosos, y para el azar no hemos creado ningún antídoto fructífero. Es probable que retomar lo habitual, encontrarse con lo cotidiano, sea beneficiosos para algunas personas afectadas por desastres de cualquier tipo, claro que lo anterior se debe tomar como una generalización muy rudimentaria, pero, en conclusión, el psicoanálisis devolvería una mirada cálida frente a los rostros del horror, quizás para calmar.

  • El crecimiento de las polarizaciones políticas y los discursos radicales dirigidos a la

intolerancia y la segregación es visible. ¿Cuáles son los impactos de este fenómeno en la

subjetividad?

La pregunta es de claros matices sociológicos, materia que estoy lejos de manejar, sin embargo, aún desde mi posición voy a intentar aproximarme a una respuesta. Me parece que las polarizaciones ideológicas, lamentablemente, han sido parte consustancial al desarrollo del pensamiento humano.  Cada época de la historia ha visto el surgimiento de discursos radicales cuyo efecto en la sociedad es la división flagrante entre un “ustedes” y “nosotros”, la nuestra no es la excepción; “ilegal” – “legal”, “normal” – “anormal”, “países desarrollados” – “países subdesarrollados”, etc. Lo extraño o, atípico a la supuesta modernidad que vivimos, es el surgimiento de odios que a nuestra generación le parecían anecdóticos, como la segregación racial o la superposición de un grupo político sobre el resto.

Están resurgiendo los totalitarismos, o, siempre han estado ahí, no lo sé, la idea irracional de que hay un grupo mejor que el resto es palpable. Se supone que estamos en el pináculo de la civilización y que los productos sociales propios del tribalismo estaban superados. El antiguo adagio estoico de “ser un ciudadano del mundo” lo hemos desterrado de nuestro imaginario, lo que da lugar al fortalecimiento de los sectarismos y el gregarismo más primitivo, desde ahí se cometen toda clase de barbarismo a la integridad humana. El ejemplo más inmediato que poseo es el funcionamiento opresor de un sistema político dictatorial. Me parece que uno de los propósitos de las dictaduras es barrer al “sujeto” aplastarlo emocionalmente si no pudo aniquilarlo con la fuerza bruta, no dejar ningún rastro de subjetividad para introducir la ideología totalizante que nulifica el sentimiento personal de ser uno mismo. Los regímenes autoritarios ponen en funcionamiento un sistema de persecución que convierte a la cotidianidad en una experiencia paranoica, la sensación permanente de ser vigilado tiene consecuencias funestas para toda la sociedad involucrada en un gobierno de tales características.

  • ¿Cómo ve la participación de las instituciones psicoanalíticas en la sociedad contemporánea? ¿Cómo ves la formación psicoanalítica en ese contexto?

No podría contestar algo preciso en relación a la primera parte de la pregunta, ya que en Nicaragua no contamos con una institución psicoanalítica. He escuchado a los docentes de diferentes partes de Latinoamérica comentar sobre las diversas actividades que se llevan a cabo en los institutos psicoanalíticos de diferentes orientaciones, conferencias, congresos, cursos académicos sobre temas específicos, formación de candidatos, etc.

El grupo de Nicaragua nos hemos visto en la necesidad de continuar nuestra formación a distancia, desde abril del 2018, debido a las turbulencias socio/políticas del país. Esta situación superior a la voluntad de todos, pone de manifiesto la adaptabilidad del psicoanálisis a ciertos espacios o herramientas de la sociedad contemporánea. De igual manera desde Managua he logrado atender conferencias en línea de la asociación psicoanalítica de Argentina y de la “otra “psiquiatría” en España. Si bien los espacios psicoanalíticos en Nicaragua son inexistentes, gracias a las oportunidades ofrecidas por los espacios virtuales he logrado tener un pequeño conocimiento de cómo funcionan algunos institutos psicoanalíticos en Iberoamérica.

  • El próximo congreso, Fepal, en 2020, tendrá el tema fronteras, ¿desde que punto de vista abordarías los limites psicoanalíticos”?

Si queremos ser parte de las discusiones actuales y establecer las condiciones para vincularnos con otras disciplinas, creo que es de urgencia modificar los espacios de difusión psicoanalíticos para que estos sean dirigidos a todos y no solamente a un público “psicoanalítico”. Me parece una limitante a nivel operativo, sobre como dirigimos la información y con quienes establecemos comunicación, de poco nos sirve tener a psicoanalistas hablándole a otros psicoanalistas, también nosotros desde nuestras posturas intelectuales podemos caer en radicalismos y por ende en el sectarismo. Es deber nuestro hacer fluir la información para que sea asequible a todos los interesados.

El psicoanálisis al abordar cualquier fenómeno siempre va a encontrarse con sus propias limitantes, no se puede comprender todo y tampoco se debe, y nuestras conclusiones solamente serán una aproximación desde una perspectiva particular, esa es una de las virtudes del psicoanálisis, me parece, ante la inmediatez resultadista de nuestros tiempos, dar lugar a la duda frente a la “certeza absoluta”. Veo que en el programa del congreso hay diferentes temas que tocan varios puntos de importancia para la sociedad actual, como la perspectiva de género, los desplazamientos humanos, lo intercultural, la vida digital. Etc. Los limites teóricos del psicoanálisis ante estas problemáticas los podemos sortear con la vivencia propia de nosotros como sujetos anclados a estas latitudes, al final somos parte también del relato que contextualizan a estos fenómenos sociales, no estamos fuera de ellos. Muchos nos formamos y laboramos en Latinoamérica, si bien hay cosas compartidas con los países desarrollados, hay otras cosas que no compartimos, obviamente no es lo mismo hacer psicoanálisis en París que hacerlo en Latinoamérica. Trabajamos en base a un modelo del sujeto “blanco, europeo y burgués”, ¿son esas las características para definir a nuestras comunidades?, Frantz Fanon decía que los colonizados se buscan a ellos mismos en las historias que definen al colonizador. Está bien que nos busquemos afuera, en un lenguaje importado, todos somos parte de la aldea global, pero no es prudente apartar la mirada de lo relativo a Latinoamérica, o comprender los fenómenos sociales de acá bajo las lentes del primer mundo. Nos toca a nosotros dar el paso a nosotros para ir aterrizando poco a poco nuestra labor y dar salida a algunas cosas para el beneficio de la comunidad.

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