Cláudio Laks Eizirik – Comentario sobre la entrevista de Virginia Ungar para los Archivos de Psicoanálisis de América Latina

Agradezco a Daniel Senos y Lucia Palazzo por su amable invitación para comentar sobre la entrevista con Virginia Ungar en la columna Archivos del psicoanálisis en América Latina en el sitio web de FEPAL. Creo que la entrevista aborda temas extremadamente relevantes y estoy de acuerdo con las respuestas y consideraciones muy oportunas y bien pensadas de Virginia Ungar. Comentaré los diversos temas juntos, porque creo que es una reflexión integrada, tanto histórica como actual.

De hecho, nuestro psicoanálisis parte de una base conceptual europea. En el caso de Brasil, el período histórico del psicoanálisis comenzó en 1937, con la llegada del psicoanalista alemán Adelheid Lucy Koch a São Paulo, como resultado del nazismo, donde comenzó a analizar, dar seminarios y supervisar a psiquiatras e intelectuales que constituirían la Sociedad Brasileña de Psicoanálisis de São Paulo, reconocida por la IPA en 1951, seguido por la Sociedad Psicoanalítica de Río de Janeiro en 1955, la Sociedad Brasileña de Psicoanálisis en 1959 y la Sociedad Psicoanalítica de Porto Alegre en 1963. Este primer grupo de sociedades tuvo su inicio con la llegada de otros psicoanalistas europeos y brasileños entrenados en Buenos Aires en la APA.

Para mí, siguiendo lo que propone Mariano Horenstein, nuestro psicoanálisis es esencialmente mestizo, híbrido y tiene una estrecha relación con nuestra cultura, del movimiento antropofágico resultante de la Semana del Arte Moderno de 1922. Es decir, no dejamos de reconocer la base conceptual original pero con el tiempo hemos desarrollado nuestra propia forma de pensar y practicar el psicoanálisis y, como señala Virginia, hay muchos autores latinoamericanos que influyen en el pensamiento psicoanalítico internacional a partir de una presencia más constante en el entorno psicoanalítico, publicaciones en otros idiomas, inserción ejecutiva en instituciones más grandes y trabajo teórico y clínico de alta calidad.

Sin lugar a dudas, existe un impacto observable del contexto latinoamericano en las instituciones psicoanalíticas, por ejemplo, una tendencia a aplicar ciertas teorías de manera más rígida, así como a procedimientos de capacitación que coinciden con períodos de regímenes autoritarios. En este sentido, observo un cambio saludable y progresivo en nuestras sociedades e institutos en las últimas décadas en lo que respecta a la mayor participación de los candidatos y sus asociaciones, que también se verifica en el caso IPA, FEPAL y FEBRAPSI.

Durante la dictadura militar de 1964 a 1984, en Brasil, hubo un episodio repugnante en el que un candidato en entrenamiento analítico participó, como médico, en sesiones de tortura para presos políticos, una situación que provocó un intenso conflicto dentro de su sociedad y en las instituciones más amplias, que llevó muchos años elaborar adecuadamente y fue dejando cicatrices amargas. Sabemos por la literatura situaciones en las que el efecto de la tortura deja marcas psíquicas difícilmente superables. Tuve la difícil experiencia de atender a una persona que había sido víctima de tortura durante el período dictatorial. Además de la indignación y la revulsión que su relato me provocaba, sentí miedo, identificado con ella y porque había un riesgo real involucrado. Por otro lado, las características generales del setting y las recomendaciones que usualmente seguimos no eran las que harían posible intentar algún tipo de ayuda emocional a esta persona brutalmente torturada en presencia de un médico que de vez en cuando decía que dejara de hacerlo porque de lo contrario ella moriría. Acogimiento, empatía, una escucha solidaria y el establecimiento de cierta confianza recíproca, fue lo que nos permitió evolucionar para tratar de darle algún significado a su sufrimiento psíquico. Esta experiencia de una relación terapéutica y humana con una persona que ha pasado por una situación extrema, además de observar lo que sucede en sociedades y organizaciones de todo tipo, me lleva a una atención constante y preocupación por la tendencia actual, en muchos países de nuestro continente y del mundo, para regresar a etapas anteriores, de falta de respeto a los derechos humanos y crecimiento de la violencia, de los prejuicios y formas primitivas de pensar y actuar.

En este contexto, ¿hay impases en el psicoanálisis contemporáneo? Estoy de acuerdo con Virginia en que el impasse, tanto en un sentido literal como en la relación analítica, es una dificultad insoluble, un callejón sin salida, y no veo ningún impasse en el psicoanálisis contemporáneo. Por el contrario, veo el psicoanálisis en un gran momento de su historia y su evolución, tanto como teorías, como práctica clínica y en su relación con la cultura. Tanto en IPA, FEPAL como en nuestras sociedades, existen numerosas iniciativas y acciones relacionadas con la educación, la salud mental, la comprensión de lo que está sucediendo en nuestro mundo, y ofrecemos ayuda a los muchos profesionales que trabajan con distintas formas de sufrimiento físico y mental hasta una mirada activa a la desigualdad social, el racismo, la homofobia,  y todo tipo de discriminación y todas las amenazas al pensamiento crítico e independiente. Por supuesto, hay debates y controversias entre los psicoanalistas sobre aspectos de la formación analítica, niveles de participación de la comunidad y otros, pero nada que no se discuta y trabaje en conjunto.

En vista de todo esto, estuve extremadamente feliz de elegir el tema de Fronteras para el próximo congreso FEPAL. Como coordinador actual del Comité de Nuevos Grupos de la IPA, he trabajado con un grupo dedicado de colegas de todas las regiones en esta frontera entre culturas, experiencias educativas, teorías, regímenes más o menos democráticos, diferentes puntos de vista de lo que es el psicoanálisis. y esta experiencia solo solidifica mi confianza en nuestro método. Después de todo, vivimos a través de las fronteras, en las fronteras, desde nuestro mundo interior hasta los límites geográficos, culturales y distintas formas de pensar, sentir y ser psicoanalistas. Una frontera fascinante que nos desafía todos los días es la de la relación analítica, el encuentro de dos subjetividades, que permite, como dijo el poeta Carlos Drummond de Andrade, tanto para el paciente como para el analista, «el difícil y peligrosísimo viaje de si a uno mismodescubriendo la insospechada alegría de vivir«.

En resumen, cada vez más, el psicoanálisis amplía su capacidad para una mirada acogedora y crítica y formas de intervención tanto dentro como fuera de nuestras consultorios. Después de todo, desde Freud, estamos cada vez más integrados en nuestro Zeitgaist, el espíritu del tiempo.

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