#FepalAtendendoAEmergência – Terceira Mesa de Diálogo Online – “Psicanálise em movimento em Tempos de Pandemia”

▪️ Apresentação
Laura Katz. Diretora de Cultura e Comunidade FEPAL. (Argentina)
▪️ Convidados
Magda Khouri (SBPSP – Brasil)
Fernando Orduz (SoColPsi – Colômbia)
Javier García (APU – Uruguai)

Baixe os textos completos apresentados:

Magda Khouri – Psicanálise em Movimento

Fernando OrduzPsicoanálisis es Movimiento

Javier GarcíaEl Psiconálisis en Movimiento en Tiempos de Pandemia

▪️ Coordenadora
Agustina Fernández. Suplente Cultura e Comunidade FEPAL ( Argentina)

Sábado 23 de maio
13h (México, Peru, Colômbia e Equador)
14h (Chile, Paraguai, Venezuela e Bolívia)
15h (Uruguai, Brasil e Argentina)

MESA: EL PSICOANÁLISIS EN MOVIMIENTO EN TIEMPOS DE PANDEMIA.

Por Javier García C.

Comunidad y Cultura. FEPAL. Sábado 23 de mayo de 2020.

Hablaré de aspectos muy parciales del tema pues es realmente muy complejo y le corresponde a muchas lecturas y disciplinas. Los aspectos sociopolíticos y epidemiológicos son centrales y no me referiré a ellos. Pero no puedo dejar de mencionarlos por la sensibilidad que implica que existan miles y millones de personas infectadas, otros más aún, aislados y sufriendo las consecuencias económicas del aislamiento y miles de muertos en Brasil, Ecuador, Chile, para destacar solo los países que hoy parecen más afectados en L-A que, según la OMS pasa a centrar la pandemia.
No puedo dejar de decir que la cuarentena, el aislamiento, no afecta económicamente de las misma manera a la clase media y alta que a las clases pobres, con trabajos informales, sin seguridad social y en muchos casos sin asistencia médica adecuada. Hay en esto un motivo importante de cómo son afectados los distintos países según su seguridad social y la inclusión de la población en los sistemas asistenciales.
En nuestro país ser pocos, una histórica menor diferencia de distribución de la riqueza entre clases y la inclusión en los últimos 15 años de toda la población en un seguro de salud nacional así como el aumento de la formalidad laboral y la creación de un ministerio de desarrollo social dedicado a los sectores más sumergidos, así como el trabajo conjunto del gobierno actual con la academia, parece habernos ayudado al control de la epidemia.

Referiré a algunos puntos psicoanalíticos que permitan abrir discusiones y pensamientos:

1-El Psicoanálisis no puede detenerse.

2- El aislamiento de las personas y sus repercusiones en el funcionamiento yoico por el repliegue. Me referiré a la paranoia y a la agresividad y también a la tendencia al exceso, al goce:  invadidos por imágenes y noticias terribles.

3- Los pesimismos, los optimismos como los expresados en La Sopa de Wuhan, a la luz del psicoanálisis para aportar al movimiento en el sentido de Eros.

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1-A diferencia de las personas, el Psicoanálisis no debe detenerse ni aislarse. Ni en su aporte individual, familiar, grupal o colectivo-social.
A distancia es un psicoanálisis sin moverse. Solamente nuestra imagen visual y auditiva se mueve entre cables, fibras ópticas y ondas aéreas, para rearmarse en receptores. Cuando no hay presencia de nuestros cuerpos ni movimientos de ellos, lo pulsional se confina, se distancia, no totalmente pero en buena medida. Hablar, pero no actuar; esta consigna analítica implica una tensión entre los cuerpos erógenos y las palabras en la sesión, en presencia. De esa tensión salen palabras, balbuceos a los que el dispositivo ayuda. La distancia de los cuerpos erógenos, su virtualidad, disminuye la tensión de la prohibición del hacer, esa que se cuece en la cercanía donde casi se pueden escuchar y oler las respiraciones y donde las palabras son también cuerpo real que vibra y hace vibrar en su entonación próxima, sin artefactos mediando.

Es posible igualmente, y con esfuerzos que luego sentimos como cansancio al final del día, que los análisis continúen, incluso con momentos muy fecundos. ¿Acaso no les parece que los analizandos sueñan más y también nosotros?
Todo esto que sortea el aislamiento con tecnología nos puede hacer sentir victoriosos: la pandemia no nos detiene y hasta disponemos de un sistema que tiene sus ventajas que podemos aprovechar. Ahora está comprobado. Pero, al menos en parte, este triunfo no parece ser más que una táctica maníaca de “patas cortas”. Bienvenido el recurso virtual pues nos permite seguir analizando en un tiempo de detención y porque las ondas son un transporte de energía sin materia, es decir, sin virus. Asimismo, sin cuerpos materiales, vibrantes.

2-Comenzamos hoy la actividad con un pequeño video que mostró la quietud y el vacío de nuestras ciudades. Muy impactante el detenimiento. Todo lo contrario al movimiento. Ese vacío de gente evoca una devastación que lamentablemente en algunos lugares existe. Todos hemos visto las imágenes de fosas comunes y muertos en las calles. Pero en estas fotos en realidad todos estamos adentro cuidándonos. 
Aquí hay un repliegue necesario para enfrentar la pandemia. No son ciudades como Chernóbil, vacías porque la población murió o fue evacuada. La pandemia es grave realmente pero no es sorprendente ni inesperada (como lo dijo Badiou), salvo que desestimemos nuestras múltiples exposiciones a riesgos, nuestra vulnerabilidad, como suele que no la veamos.
Es la cuarta o quinta pandemia que tenemos en pocas décadas: la pandemia del Sida, la gripe aviaria, el virus del Ébola, el virus SARS-1. No es sostenible decir que es algo único que nunca imaginamos. La oscilación entre que no pasa nada, todo es inventado, por un lado, o estamos viviendo una catástrofe generalizada, el fin de la humanidad, por otro, o que todo es el resultado de conspiraciones parte de una guerra biológica, parecen el efecto de un funcionamiento yoico encerrado en sí mismo.
El aislamiento humano, la separación de los otros: hijos, padres, hermanos, amigos, en fin, nos provoca un encierro interno, acentuando así la paranoia estructural del yo. Sitúa al yo en tendencia a funcionar de un modo de agresividad máxima (como lo describieron muy bien tanto Freud, Klein como Lacan), agredido o agrediendo, en relación con el semejante.
Sabemos en la clínica analítica de las situaciones de tensión personal y familiar en los encierros pero también las manifestaciones sociales de violencia. Incluso la violencia contra los infectados, expulsados, apedreados, abandonados  en sus viviendas o en el mar -cruceros, barcos de carga-. Políticamente también se despliega el ambiente paranoico de guerras biológicas y el espectáculo del terror como goce y se aprovecha la regresión del yo desvalido que necesita de un padre poderoso que lo proteja. Aumenta el riesgo de los fanatismos religiosos y de las tiranías (El porvenir de una ilusión; 1927).
¿Qué salidas frente a esta enajenación pasional? ¿Cómo movernos a funcionar fuera de esta estructura cuando vivimos inmersos en ella?

3-Es necesario pensar e intercambiar frente a un acontecimiento que irrumpe y nos cambia la vida. Tiene su necesidad, su urgencia. Lo cual también corre los trances del apuro. Así pasó con los artículos de grandes filósofos publicados en la Sopa de Wuhan. Caricaturizando: catástrofe,  posibilidad revolucionaria o “no pasa nada”. Pero me parece importante que reconozcamos la necesidad de esos pensamientos  diferentes, esa mezcla o sopa en la que estamos metidos. Trampas y riquezas de nuestro yo.

¿Cómo saldremos de esto? ¿Saldremos más fuertes, más creativos o triunfantes?

Haré referencia a un acontecimiento en el pensamiento y la vida de Freud.

Un año antes de la primer guerra mundial Freud tenía una conversación con Raina María Rilke y Lou Andreas Salomé. El poeta pesimista y el amigo taciturno que él refirió luego, en 1915, en La transitoriedad. También fue el año en que escribió Duelo y melancolía. Allí Freud pensaba que luego de un tiempo de duelo el objeto perdido se sustituía por otro y que el hecho de que los objetos bellos fueran perecederos no los hacía menos bellos sino más valiosos.

En pocos años sobrevendría su enfermedad en la boca, el suicidio de Victor Tausk, la muerte de su discípulo y amigo Anton von Freund y, con la gripe española, la muerte de su querida hija Sophie. Tres años más tarde, la muerte de su nieto Heinz, hijo menor de Sophie, por TBC. Todo esto pasó entre 1917 y 1923. Ya Freud no pensaba que un objeto amado perdido pudiera ser reemplazado, sustituido por otro. Incluso el reemplazo dejaría más en evidencia que no era el mismo.  Tampoco podía presenciar tanta destrucción con el optimismo de 1915 en La transitoriedad.

En 1933 se publica la carta de Freud a Einstein respondiendo al “¿Porqué la guerra?”. Como le expresó a Eitingon él no estaba a gusto con ese texto. Era un tema político y el psicoanálisis no puede responder a todos los problemas; no se trata de una ideología ni de una filosofía. Sin embargo afirmó allí: “el hombre tiene dentro de sí un apetito de odio y destrucción”.

Lo humano implica la mixtura de Eros y destrucción. La pulsión de muerte permite dar sentido a la vida y el desafío humano es que la cultura tome fuerza de este sentido que viene desde la pulsión de muerte de una forma creativa, al servicio de la vida.

Repito entonces la pregunta inicial: ¿cómo saldremos de esto?

Pienso que el movimiento requiere una retorno desde la angustia, la indefensión y la muerte hacia dar sentido a la vida, al empuje por vivir. Pongo el énfasis en este movimiento para hablar del psicoanálisis en movimiento.

En análisis,  el analista necesita rescatarse e intervenir -en mi opinión- desde el reconocimiento interno de afectación por la vida, por el odio-amor, la destructividad y la vulnerabilidad, la transitoriedad de la vida y la inevitabilidad del conflicto y la angustia, es decir, en un sentido encarnadamente simbólico, de su castración. Esta es, la posibilidad que puede ofrecer el analista en su oficio, de girar desde una transferencia imaginaria a una simbólica. Implica la renuncia a poder responder al pedido de ocupar el lugar de un padre todo poderoso y, al mismo tiempo, la invitación a ocupar un lugar de partida, de búsqueda personal, vital y esperanzada.

Para terminar unas palabras de David Whyte[1], poeta y filósofo inglés actual; escribió: “La vulnerabilidad no es una debilidad, una indisposición pasajera o algo de lo que podemos prescindir. La vulnerabilidad no es una opción. La vulnerabilidad es la perdurable corriente subterránea, siempre presente, de nuestro estado natural. Querer escapar de la vulnerabilidad es querer escapar de lo que es esencial en nuestra naturaleza; intentar ser invulnerable es probar vanamente de convertirnos en algo que no somos y, más especialmente, de cerrarnos la puerta a la comprensión del dolor de los otros”.

Javier García C.


[1] U.K. Noviembre 2, 1955. En: Consolations: The Solace, Nourishment and Underlying Meaning of Everyday Words. Vulnerability;  (1 Enero 2015)
La vulnerabilidad no es una debilidad, una indisposición pasajera, o algo de lo que podamos arreglarlo, la vulnerabilidad no es una elección, la vulnerabilidad es la corriente subyacente, siempre presente y permanente de nuestro estado natural. Huir de la vulnerabilidad es huir de la esencia de nuestra naturaleza, el intento de ser invulnerable es el vano intento de convertirse en algo que no somos y, sobre todo, de cerrar nuestra comprensión del dolor de los demás. Más en serio, al rechazar nuestra vulnerabilidad, rechazamos la ayuda necesaria en cada momento de nuestra existencia e inmovilizamos los fundamentos esenciales, de marea y de conversación de nuestra identidad. Tener un sentido de poder temporal y aislado sobre todos los eventos y circunstancias, es un privilegio ilusorio encantador y quizás la presunción primordial y más bellamente construida de ser humano y especialmente de ser jovenmente humano, pero es un privilegio que debe ser entregado con eso. mismo joven, con mala salud, con accidente, con la pérdida de seres queridos que no comparten nuestros poderes intocables; poderes eventualmente y más enfáticamente renunciados, a medida que nos acercamos a nuestro último aliento. La única opción que tenemos a medida que maduramos es cómo habitamos nuestra vulnerabilidad, cómo nos volvemos más grandes y más valientes y más compasivos a través de nuestra intimidad con la desaparición, nuestra elección es habitar la vulnerabilidad como ciudadanos generosos de pérdida, de manera robusta y plena, o por el contrario, como avaros y quejumbrosos, renuentes y temerosos, siempre a las puertas de la existencia, pero nunca valiente y completamente intentando entrar, nunca queriendo arriesgarse, nunca caminando completamente por la puerta.

 

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