La comunicación con tu bebé comienza mucho antes de que él pronuncie sus primeras palabras…

Por ILANA LUKSENBURG

Analista en Formación APU – Asociación Psicoanalítica del Uruguay

Sabemos que los niños comienzan a decir sus primeras palabras después del año y medio, y aún algunos son un poco más remolones.

Pero eso no significa que antes de este período, no se comuniquen, o lo que es más importante, no necesiten comunicarse.

Es bien sabido que el niño, desde el nacimiento, necesita del encuentro humano con otro, con la madre (o sustituto como referente principal de cuidado), y también con el padre, y el resto de la familia.

La madre (o como decíamos, quien cumple la función de cuidado del bebé) es importante porque va a proveer al niño de alimento, se va ocupar de su higiene, de su cuidado físico, de ordenarle las horas de descanso etc., promoviendo así, sabemos, su desarrollo físico.

Pero además la madre – sin siquiera saberlo- va a promover en su bebé el desarrollo de su vida psíquica, desarrollo tan importante como el desarrollo físico.

¿De qué manera? ¿De qué se trata esto?

El bebé nace inmerso en un mar de estímulos, que le provocan sensaciones, que provienen tanto de su interior, de su propio cuerpo (hambre, incomodidad, dolores), como del exterior los cuales son captados por sus sentidos.

Este conjunto de sensaciones no son “comprendidas” por el bebé, y es por esto que lo invaden, lo “alteran”, podríamos decir, lo desorganizan, sobre todo en el comienzo de la vida.

Por esta razón es común observar a los bebés quejarse, alterarse, moverse, llorar . . .

Se puede decir que el bebé –sin saberlo – “va a expresar” sus incomodidades, su malestar, a través de sus movimientos corporales, de sus quejidos, y en muchos momentos a través de sus gritos y llantos.

Vemos que se trata de todo un lenguaje corporal, que el bebé ofrece, sin saberlo.

Por otra parte, sabemos que las madres, o las personas que se ocupan del bebé, son receptivas a este lenguaje corporal, a la vez que son sensibles a las necesidades del bebé. Esto hace que surja en ellas la tendencia, por lo general natural a calmar al bebé.

¿Y de qué manera calman al bebé?

Generalmente comprendiendo esta comunicación corporal. Vemos que intentan dar sentido a los movimientos, gestos y quejidos del bebé traduciéndoles en palabras acompañadas de su propia gestualidad “¿estás con hambre?”, “tenés sueño?”, “¿uuh, te asustó ese ruido”?, “qué rica la papa!”, “ay, te duele la panza”, etc.

De esta manera el bebé encuentra receptividad a su malestar, a estas sensaciones que lo alteran, ya que encuentra en la madre una palabra pero también un gesto que lo espeja en sus sensaciones. Y esta contención afectiva incluye no sólo las palabras en sí, sino el tono de voz y los gestos propios de la madre, a la vez que el diálogo corporal que se da entre ambos.

Podemos pensar que se trata de una verdadera comunicación que se inaugura entre el niño y la madre, que dará lugar al desarrollo de la comunicación del niño con el entorno.

De esta manera el niño comienza a darle “sentido” y “coherencia” a sus sensaciones, y a la vez que se calma, va ingresando al mundo de las palabras y de la comunicación.

El bebé así, paulatinamente  va a ir reconociendo, distinguiendo las distintas sensaciones, apropiándose de las palabras (aunque esté lejos de pronunciarlas), lo que le va a permitir ir formando representaciones mentales de sus sensaciones.

Debemos señalar la importancia de este diálogo madre-bebé – que por lo general se da de forma natural – ya que va a ser fundamental para el desarrollo del psiquismo que señalábamos al principio.

Pero es importante señalar que este proceso se debe dar de manera natural. No debemos estar permanentemente “interpretando” los movimientos o los

quejidos del bebé, es decir no debemos adjudicar significados a todos los movimientos del bebé. Es decir, no debemos “calmar” al bebe constantemente. Muchas veces vamos a ver que frente a malestares pequeños o pasajeros el bebe logra calmarse solo, y ese es un logro muy importante para su desarrollo.

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Para terminar podemos decir entonces que el bebe necesita desde un principio del encuentro afectivo sostenido en el tiempo, con otro humano disponible, que lo comprenda, le dé sentido a sus sensaciones, que le ponga palabras y  que de esta manera lo introduzca en el mundo de la comunicación.

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