FEPAL ATENDIENDO LA EMERGENCIA – Sexta Mesa de Diálogo

PSICOANALISTAS EN LA COMUNIDAD

Grupo de estudios de FEPAL

VI Mesa de diálogo

Julio 11, 2020.

psicanalistasnacomunidade@gmail.com

Colaboración en la traducción: María Noel Brena Sertã (Sociedad Brasilera de Psicoanálisis de Rio de Janeiro)

WEBINAR FEPAL, sexta Mesa de diálogos, sábado 11 de julio 2020

Maria Cristina Fulco

Presidenta de FEPAL 2018-2020

– Directora Científica de APU 1996-97

– Presidenta de APU  2000-2002

– Directora del Instituto de APU 2004-2006

– Directora del Instituto de APU 2012-2014

– Directora del Instituto de APU 2016-2018

– Coordinadora de la Comisión de Formación y Transmisión del Psicoanálisis de FEPAL 2014-2018

– E&O Commetee de IPA comité de Formación de IPA 2015-2017

Presentación

Presentamos hoy, dentro del ciclo, “FEPAL atendiendo la emergencia” esta “Sexta mesa de diálogo”, organizada por el Grupo de Estudio de FEPAL: “Psicoanalistas en la Comunidad”, cuya propuesta, es presentar los diversos  trabajos que las sociedades psicoanalíticas  latinoamericanas  realizan en la comunidad, particularmente en estos tiempos de crisis ,como efecto de la pandemia global que asola al mundo .

Como Uds. saben, el compromiso del psicoanálisis con la comunidad, se remonta a sus orígenes.  Los textos freudianos, como el Malestar en la cultura, Psicología de las Masas, Tótem y Tabú, El porvenir de una ilusión, para citar algunos, sumado al interés de Freud  en impulsar la creación de policlínicas gratuitas para la atención de los pacientes, dan cuenta de ello.

Desde entonces, la comunidad psicoanalítica, ha sostenido el compromiso histórico de trabajar con la comunidad,  con la cultura, con la educación, sin dar la espalda a los acontecimientos políticos sucedidos en nuestra región y en el mundo, a lo largo del siglo XX y hasta el momento actual.

 Podemos decir que  de este compromiso, dan cuenta en nuestra Región,   este nuevo Grupo de Psicoanalistas en la Comunidad  así como, el área de “Comunidad y Cultura de FEPAL “  que viene  trabajando desde hace décadas en las diferentes directivas de nuestra Federación.

Se trata en ambos casos,  de una forma de posicionarse, que es   inherente  al compromiso de nuestro oficio, de trabajar con el dolor, el sufrimiento y la defensa de los Derechos Humanos.

Hoy podremos escuchar y dialogar, con cuatro queridas colegas y con distintas representantes de los grupos de trabajo que integran este Grupo de Estudio de Fepal .

La tarea se da en diferentes ámbitos  de la comunidad. Se han creado desde la óptica psicoanalítica, dispositivos  de intervención e investigación donde lo instituido y lo instituyente, al decir de Isabel Mansione, dialogan con los cambios epocales, en contacto permanente con  los saberes de otra disciplinas.                             

 Podemos decir, que uno de los lazos que une a estos diversos grupos, es la respuesta inmediata, surgida en estos tiempos de pandemia, desde las diferentes sociedades  y  que podríamos sintetizar en un “Aquí estamos”!!

Para finalizar, presento ahora a la coordinadora de este diálogo, Isabel Mansione y del grupo de estudio Psicoanalistas en la comunidad.

Presentación del grupo de estudio

Isabel Mansione

– Coordinadora del grupo de estudios “Psicoanalistas en la comunidad”

– Licenciada y profesora en Psicología (UBA)

– Psicoanalista (APdeBA)

– Miembro de FEPAL y de IPA

– Postítulo en investigación educativa (UNC)

– Magister en gestión de proyectos comunitarios (CAECE)

– Coordinadora del grupo de estudio Psicoanalistas en la Comunidad de FEPAL

– Coordinadora del proyecto comunitario Educreando Binacional

– Miembro de la comisión de investigación de FEPAL

– Miembro del Centro Liberman de APdeBA

– Profesora titular de practicas profesionales supervisadas de la especialización en    

  Psicología Clínica de Niños y Adolescentes 2015 y continua

– Ex miembro de la Comisión de Educación en Fepal 2014/18

Mi nombre es Isabel Mansione y el de las colegas que me acompañan en la coordinación de este grupo de estudio son  Eliane Marcellino, Cristina Curiel y Lilian Ferreyros.

En nuestro debut ante la comunidad como grupo de estudio de FEPAL agradecemos a la Dra. Fulco su presentación y su estimulo permanente para con nosotros que somos  psicoanalistas que trabajamos en proyectos comunitarios de diferentes países.  En el pasado Horacio Etchegoyen, en el presente Marcelo Viñar, Sara Zac, Virginia Ungar, Ricardo Carlino, Alicia Briseño, entre otros han respaldado el inicio y la evolución de este grupo llamado Psicoanalistas en la comunidad.

El movimiento psicoanalítico contribuye desde sus prácticas comunitarias al desarrollo de la población en general y en especial de aquella más desfavorecida en todo sentido, lo hace desde una profunda vocación humanística. La presencia en la comunidad incluye intervenciones con la población que presenta síntomas, la población de riesgo y la población potencialmente sana. Respecto a las poblaciones de riesgo se trata de personas/grupos en las que las problemáticas socioeconómicas y culturales impactan con la fuerza invalidante de la marginación.

Las prácticas en la comunidad son una posible respuesta coherente a algunas consideraciones desde una perspectiva psicoanalítica: 1. las problemáticas del deseo y de la transferencia que no se limitan a la producción de síntomas neuróticos, sino que permiten inteligir aspectos profundos del psiquismo, 2. la formación del sujeto en el lazo social, y 3. los fenómenos de la cultura.

Hoy hallamos en la comunidad desencuentro de expectativas, debilitamiento de la autoridad, presencia de legalidades paralelas, daños sin reparaciones, mentiras, segregación.  Todo ello produce una clase de sufrimiento que en general no logra expresarse como tal y suele aparecer disruptivamente. Nuestra presencia busca poner comunicación, pensamiento y derechos humanos,  donde hubo acto

Los proyectos agrupados compartimos algunos supuestos:

  • Estamos en un mundo de ideas sin fronteras, que no son propiedad privada, y nuestro país es la comunidad humana. Lo nuestro es el cuidado de la vida en los grupos e instituciones
  • Trabajamos en territorio, asumiendo un compromiso desde una identidad pública, necesitando sostén para cuidar y cuidarnos. 
  • La teoría está en los hechos y nuestro propósito es encontrarla y devolverla a la comunidad, que generosamente nos ha permitido conocerla
  • Pensamos desde la responsabilidad social porque nuestra comunicación es con la COMUNIDAD y si fuera posible con las políticas públicas.
  • Difundimos el psicoanálisis y lo vivificamos en la interdisciplina

Lilian Ferreyros.

– Psicoanalista de la Sociedad Peruana de Psicoanálisis.

– Miembro Fundador de la Asociación Peruana de Psicoterapia de Niños y Adolescentes

(APPPNA).

– Ex – Editora de la Revista “Psicoanálisis”, de la Sociedad Peruana de Psicoanálisis.

– Miembro de “Psicólogos Contigo”. Coordinadora del equipo de Barbablanca. Participa en “Tiempos de Escucha”, programa de apoyo a los de primera línea en tiempos de pandemia, en Selva y Ceja de Selva en el Perú.

– Ha escrito varios textos sobre el trabajo en el análisis con metáforas, el uso del juego del garabato, pensamiento mágico en la comunidad, análisis de un diario de gran circulación, entre otros.

La pieza psicoanalítica.

Cuando pienso en la forma en que el Psicoanálisis debe de aplicarse a espacios de la comunidad, pienso en esos experimentos que se hacen con la música, cuando se le da una canción ya existente a un grupo musical diferente, que tiene otro estilo; y se la dan para que transforme la canción, la adapte a su estilo, pero de tal manera que no pierda su origen. ¡Salen cosas muy buenas! Por ejemplo, un bolero a un grupo de rock, un tango a un grupo de merengue, o una ranchera a un grupo de música criolla. 

Siguiendo esta imagen, nos preguntamos, ¿qué pieza psicoanalítica originaria es esa, transformada, adaptada al lenguaje y experiencia de variados grupos humanos, de comunidades diferentes, dentro de una comunidad? Reconstruida y adaptada, puede seguir conservando su esencia original. ¿Qué acordes básicos, elementos invariables, podríamos identificar? Acordes complejos, creados por Freud hace más de un siglo, no solo de 3 notas, como cuando nos enseñaron música en la escuela.

«Acorde», además, viene de corazón, y allí entramos a algo fundamental. Entra el corazón, las emociones, y también el aparato para pensar, representar, fantasear, imaginar.

Se puede trabajar en varias dimensiones, con distintos “idiomas personales”, sociales, comunitarios. Cambiará según ocurra en la costa, en la sierra, en la selva; según se aplique en escuelas, hospitales, cárceles; grupos humanos de diferente procedencia.

¿Qué raíces son las que no se perderían? ¿cuáles son los acordes esenciales? A veces es solo un toque, escondido entre mucho ruido de una realidad convulsionada. Otras veces pueden crearse intervenciones profundamente analíticas.

Podemos señalar tres notas:

  1. La escucha analítica. Para explicar esto tomo las palabras del mismo Freud en 1912, en su Consejos al médico en el tratamiento psicoanalítico: “Debe de orientar hacia lo inconsciente emisor del sujeto su propio inconsciente, como órgano receptor, comportándose con respecto al analizado como el receptor del teléfono con respecto al emisor.”

Los receptores de los psicoanalistas han sido especialmente entrenados para captar los emisores de los pacientes individuales que llegan a la consulta privada. En la formación de los candidatos hace hoy mucha falta el entrenamiento para trabajar con grupos, no solo grupos terapéuticos, sino operativos, grupos de escucha, dinámicos, con diferentes comunidades y sus demandas.

  • La transferencia. Es una forma de actividad fantasiosa del emisor, que es un modo de pensar por primera vez, con respecto al analista-receptor, los eventos emocionales, ya sean del pasado remoto o de uno cercano, que por haber sido muy perturbadores, no han podido entonces ser experimentados en el momento que ocurrieron. Ocurren entonces –en el aquí y ahora- con el psicoanalista, o los líderes, o los varios receptores. Los territorios del inconsciente que no fueron representados (por ejemplo, debido al impacto de un trauma, a despojos afectivos, etc.) pueden alcanzarse prestando atención a esas transferencias.
  1. Y la tercera nota puede ser más personal, pero lleva en sí a las dos primeras. ¿Cómo escucha el receptor? ¿Qué hace con lo que escucha? Es un trabajo extra, mental y emocional. Además de escuchar el contenido manifiesto, el receptor se puede abrir a un territorio intermedio; intermedio entre la realidad interna y la externa; ese espacio winnicottiano que en la actualidad todos los psicoanalistas han revisado alguna vez. Figuras, imágenes, metáforas, en la mente de los que se están comunicando, intentan simbolizar lo que no ha podido ser representado y transformado. Sanado. Se crea así un nuevo campo interpersonal, mutuo, cultural. 

Cuando el Psicoanálisis sale a trabajar con la comunidad, en analogía con el juego de garabatos de Winnicott (ravisco, en portugués) podríamos hablar de un “garabato mental comunitario”. Algunos psicoanalistas contemporáneos hablan de “quimeras”, “tercero analítico”, “fermento de intersubjetividad”, todos aluden a esta nota de creación de algo nuevo; creación mutua, compartida. Pueden ser productos grupales, resultado de afinidades inconscientes que provienen de las zonas traumáticas de los protagonistas (todos, incluyendo al psicoanalista). Este trabajo de imaginación permite configurar, representar y compartir las zonas de sufrimiento de todas las partes. Esto es muy interesante. Es como el garabato compartido que hacemos con los niños.

Se puede, entonces, crear una “situación analítica” con todo tipo de participantes. Algunos grupos la favorecerán más que otros, lo fundamental es el ánimo de cooperar y transformar. “Eros comunitario”, podríamos decirlo así. Comunidad viene del latín communis, palabra compuesta que significa cooperante, corresponsable.

Dentro de la comunidad hay comunidades, parece una redundancia, pero es importante quitarle abstracción al concepto. Estas comunidades son una gran columna (además del Estado y el mercado) que ha sido descuidada (así como nosotros, los psicoanalistas, también la hemos descuidado). Para lograr sociedades más prósperas, hay que tenerlas en cuenta. Pueden ser pobladores de una localidad, refugiados, obreros, migrantes, grupos de emprendedores jóvenes, colectividad de mujeres, médicos, alumnos o maestros, etc… y ahora comunidades virtuales unidas por internet.

Lo mismo que escuchamos hoy, día a día en la pandemia, sobre cómo no perder la asimetría analítica en las sesiones por internet con los pacientes, lo podemos decir de las intervenciones a las diferentes comunidades dentro de la comunidad. Lograr un mínimo de atención flotante, cuidarnos del exceso de empatía para que no se convierta en identificación con el otro (o los otros), es un cuidado que debemos de tener, especialmente cuando trabajamos con grupos vulnerables, con o sin pandemia. En realidad, la pandemia ha servido para que los psicoanalistas presten más atención a la comunidad.

Para el Perú es un reto: es un país multilingüe, hay casi 50 lenguas. Además, en los barrios marginales de la ciudad de Lima vive la tercera parte de la población. No reciben agua potable, y pagan más del doble por ella, y es de peor calidad. Nuestra sociedad sufre de desigualdad y pobreza. En la región latinoamericana se invierte el 9% del PBI en salud, en el Perú se invierte la mitad. Sin embargo, tenemos la esperanza de que las comunidades organizadas y con canales de expresión puedan ofrecer soluciones ajustadas a sus realidades, y complementar al Estado. Cada vez se entiende más que las comunidades deben ser revaloradas y organizadas para proteger a la gente y a las sociedades. La vinculación de la gente a sus comunidades es la que ofrece un seguro social, apoyo psicológico y humano.

Los psicoanalistas somos una comunidad que ha estado muy encerrada en su consultorio. Fepal está logrando vincular y dar fuerza a la comunidad de psicoanalistas con estas webinars, y al dar cabida a este Grupo de Estudios que hoy nos convoca.

Cristina Curiel Castelazo.

– Psicoanalista de la Sociedad Psicoanalítica de México, miembro activo de IPA Y

FEPAL.

– Doctorado en Investigación Psicoanalitica, Especialidad en Psicoterapia

Psicoanalítica y Maestría en Psicoanálisis por el Instituto de Estudios de

Psicoanalisis y Psicoterapia A.C.

– Psicóloga por la Universidad Iberoamericana, A.C.

– Docente en la Universidad Iberoamericana, A.C.

– Docente en el Instituto de Psicoanálisis de la Sociedad Psicoanalítica de México.

– Consulta privada con adolescentes y adultos.

– Secretaria de la Mesa Directiva de la Sociedad Psicoanalítica de México.

El futuro como psicoanalistas en la comunidad.

Hace unos meses podríamos haber planteado diferentes planes a futuro, tanto para nuestro grupo como para el trabajo psicoanalítico en general. Sin embargo, la realidad que enfrentamos ahora ante la pandemia requiere que volvamos a pensar en lo que haremos a futuro.

En primer lugar, antes de poder imaginar cómo serán nuestras intervenciones en adelante, necesitamos considerar a cada momento cómo se presenta la situación en cada uno de nuestros países y en las comunidades, y elaborar continuamente las implicaciones que eso representa para las intervenciones que realizamos en la comunidad, tomando en cuenta que los contagios pueden aumentar o disminuir, y que lo que sabemos hoy puede ser distinto en las próximas semanas.

Nunca como ahora hemos necesitado de las herramientas internas adquiridas a través de nuestra experiencia de vida y de trabajo, y también claro de nuestro propio análisis, que nos permitan ser flexibles ante los cambios y la preocupación que sentimos al respecto del virus, del contagio, y de los efectos de la pandemia en general, de sus consecuencias a todos los niveles, incluido por supuesto, el plano emocional.

Las precauciones que ahora necesitamos considerar deben entenderse como elementos que protejan primordialmente a las intervenciones, y que permitan que todos podamos continuar con el trabajo que hasta hace poco, dábamos por hecho.

Hemos observado desde nuestro grupo las diversas formas de responder en la actualidad ante la emergencia, cómo se ha logrado dar atención a la comunidad desde los distintos brazos que se extienden a grupos vulnerables, ya sea a través del trabajo en hospitales, con jóvenes, en escuelas, con niños y padres de familia, o por medio de líneas telefónicas de emergencia.

En algunos de los equipos que conforman este grupo, la pandemia y la consecuente contingencia trajeron más trabajo que nunca, ya que la población requería mayor sostén, material y presencia de los psicoanalistas que realizan el trabajo en la comunidad. En otros equipos, el trabajo no ha podido continuar por las políticas implementadas, que han recortado o cancelado el presupuesto que se asignaba a los proyectos, haciendo imposible que los miembros de la comunidad (los maestros, por ejemplo) pudieran recibir el apoyo.

A través de los años en el trabajo hecho en y para la comunidad, hemos podido confirmar que existe una responsabilidad social que puede atenderse desde el psicoanálisis, y que el trabajo comunitario transforma a los psicoanalistas, porque nos hace prestar atención al contexto y nos mueve a ponernos en la cultura y desde la visión del otro, a entender más allá de las paredes de nuestros consultorios que no hay una cultura mejor que otra, sino únicamente diferentes formas de adaptarse y de comprender la vida.

Los equipos que realizamos intervenciones comunitarias nos encontramos sorpresivamente hace unos meses con la imposibilidad de contactar a las comunidades, o con la realidad de que, al no poder salir de casa, la presencia que teníamos en el trabajo de campo se complicaba y requería innovación.

Trabajar en la comunidad nos atraviesa, es una experiencia que vivifica el psicoanálisis, porque lo lleva al plano de la vivencia diaria, representa una transformación y una reflexión constante que en situaciones como la actual, nos obliga a enfrentar, de distintas formas, las limitaciones que representa la intervención a distancia o las modificaciones que se hacen necesarias para continuar con el trabajo. En algunos casos existen obstáculos por cuestiones de tecnología, que requieren pensar en nuevos elementos y en nuevas formas de intervenir, mientras que otros nos permiten pensar cuestionarnos acerca de situaciones en las que por ejemplo, tengamos que considerar a las intervenciones telefónicas como una opción que beneficie a ciertas personas a la larga, ya que por limitaciones económicas o personales quizá sea difícil transportarse y acudir al centro comunitario o al lugar en donde se lleve a cabo la intervención, convirtiendo así las sesiones telefónicas en opciones futuras de intervención comunitaria que si bien no sustituyen nunca a las intervenciones presenciales, nos abren posibilidades que de otra manera dificultarían que algunas personas estuvieran al alcance de una intervención.

La contingencia nos lleva así a pensar en nuevas formas de llegar a la comunidad, en la posibilidad de recurrir a los medios masivos, y como siempre, en la importancia de la prevención.

Además del cuidado que podemos extender hacia la comunidad, es importante considerar el cuidado que necesitamos darnos a nosotros mismos. La presencia de un virus nuevo, contra el cual no se cuenta con defensas, pone de manifiesto la vulnerabilidad que en otros momentos no observamos, y representa un obstáculo real en las intervenciones y en el seguimiento de nuestros proyectos.

Los psicoanalistas debemos considerar el auto cuidado de manera cotidiana, tanto en el trabajo que realizamos dentro del consultorio, como en el que hacemos en las intervenciones comunitarias. En el caso de la pandemia, se convierte en esencial el ejercicio de reflexión que nos lleve a registrar de manera consciente los temores que cada uno puede sentir al salir de casa, al acercarse a otros, así como considerar la propia vulnerabilidad y en su caso, la pertenencia a grupos de riesgo, ya que sabemos y debemos hacer suficiente conciencia de que si tememos por nuestra propia seguridad, el trabajo psicoanalítico se hace imposible.

Desde el grupo de Psicoanalistas en la comunidad, adquirimos ahora el compromiso de trabajar juntos y la oportunidad de nutrirnos entre nosotros, entendiendo que las diversas realidades de América Latina pueden ser muy similares, y que al compartir experiencias podemos encontrar resonancia entre nosotros, ya que las ideas de unos pueden apoyar al trabajo de otros. Incluso en cuestión de auto cuidado, podemos apoyarnos y entendernos como red, de manera que nuestro trabajo se enriquezca desde dentro.

M. Teresa Naylor Rocha.

– Psicanalista com função didática do Instituto de Formação da Sociedade Brasileira de

– Psicanálise do Rio de Janeiro (SBPRJ), desde 2014.

– Psicanalista de adultos e crianças.

– Membro fundador e coordenadora do Programa de Psicanálise e Interface Social (PROPIS) da SBPRJ, desde 2006.

– Coordenadora do Projeto TRAVESSIA de Ações de Cuidado a crianças, adolescentes, pais e professores em áreas de alta vulnerabilidade social, desde 2003. Parceria com a Secretaria Municipal de Educação, desde 2016. Em atividade online durante a pandemia.

Sobre el trabajo psicoanalítico en entornos variados comenzamos con  una afirmación importante: este trabajo no es una adaptación o aplicación del conocimiento psicoanalítico. Como en cualquier proceso analítico, también nos convoca al desafío de escuchar lo diferente en su singularidad y particularidades culturales.

Freud, en 1918/1919, en el Congreso de Budapest y en el artículo «Caminos de la terapia psicoanalítica», en sintonía con la realidad de la posguerra, afirma que somos un puñado de personas, y cada uno de nosotros, incluso trabajando con esfuerzo, puede llegar a dedicarse solamente a un pequeño número de pacientes. En vista de la miseria en el mundo, lo que podemos abolir es insuficiente. La práctica se limita a los estratos superiores de la sociedad, mientras que, para los amplios estratos populares, que sufren tanto de neurosis, hoy no podemos hacer nada. Freud dice que en algún momento la conciencia de la sociedad despertará al hecho de que las neurosis no afectan menos la salud de las personas que la tuberculosis, y ambas no pueden ser tratadas por el individuo mismo. Él enfatiza que estos tratamientos serán gratuitos, pero que puede llevar tiempo para que el Estado considere estos deberes como un asunto urgente… aunque algún día tendrá que suceder.

De esta manera, Freud impactó a toda la primera y segunda generación de psicoanalistas en el sentido de conducirlos al campo social. Advierte que el psicoanálisis no puede quedar fuera del movimiento de gran movilización social de aquella época, o corría el riesgo de no sobrevivir. Él anuncia en Budapest su posición sobre repensar el proceso terapéutico defendido hasta aquel momento, y ampliar la asistencia masiva. Freud mantuvo su trabajo tanto para el entorno social como para la investigación individual y para los derechos y responsabilidades sociales. Fue en el período comprendido entre las dos grandes guerras mundiales (1918-1938) que se crearon clínicas públicas en 12 ciudades (Berlín, Viena, Frankfurt, Trieste, Moscú, Londres, etc.).

Durante este período, hubo mucho debate sobre cómo abordar los problemas y la construcción de diferentes dispositivos, pero en ningún momento estos primeros psicoanalistas dudaron de que estuvieran de acuerdo con el rigor psicoanalítico defendido por Freud. Después de la ascensión del nazismo, las clínicas sufrieron una «limpieza», deshaciéndose de los analistas judíos. En la diáspora, algunos mantuvieron la antorcha progresista y otros la confinaron al olvido. Muchos, en 1946, vinculados al Círculo Fenichel, como Marie Langer, Pichon-Rivière y Angel Garma vinieron para Argentina. En la década de 1950, algunos médicos brasileños fueron a Buenos Aires y, al regresar a Brasil, formaron las primeras instituciones psicoanalíticas (Elizabeth Ann Danto, «Las clínicas públicas de Freud»).

Por otro lado, del lado que nombraré como el del olvido, el movimiento psicoanalítico adoptó, como opción política, una posición apolítica, que influyó en el encierro de los psicoanalistas en sus consultorios de clase media y alta.

La historia se hace con movimientos de avances y retrocesos, pero en ese camino, las experiencias, los hechos y los deseos no se borran. Debido a esto, muchos psicoanalistas mantuvieron la antorcha progresista y siguieron creando numerosas iniciativas de prácticas en escenarios distintos a los consagrados como estándar.

En Brasil, los problemas estructurales de desigualdad económica y social generan un escenario de violencia multifacética que afecta directamente la calidad de vida de la población en general, pero especialmente de aquellos que viven en áreas socialmente más vulnerables. A modo de ejemplo, la tasa de homicidios es 30 veces mayor que en Europa; los homicidios violentos, que en gran medida hacen victimas en la población de jóvenes negros, equivalen a la caída diaria de un Boeing 737 repleto de gente. En este escenario ya trágico, actualmente estamos experimentando la consecuencia de una negligencia única, pero políticamente premeditada, frente a la pandemia de COVID-19, con un número de 70,524 muertos hasta el 10 de julio. (excluyendo los no notificados).

El trabajo psicoanalítico con poblaciones socialmente vulnerables nos instiga a pensar en las implicaciones y las reverberaciones de nuestro papel como analistas, ampliando lo que entendemos como clínica y convocando la teoría para que nos ayude a sostener el setting diferenciado de lo tradicional.

La comprensión de la salud mental como un proceso multidimensional, entre la urgencia subjetiva y el problema colectivo / desamparo social, requiere trabajar en nuestras herramientas conceptuales y pragmáticas, en vista de la complejidad de los factores involucrados. Sin embargo, esta articulación entre la esfera individual y la colectiva nos convoca a un desafío, una vez que la teoría no se puede entender desde un modelo mecánico y tenemos que contemplar su complejidad.

Las prácticas en diferentes entornos fomentan la creación de estrategias complementarias para el psicoanálisis. Podemos utilizar recursos artísticos y lenguajes que mejoran el proceso de contacto con las sensaciones y emociones, deseos y ansiedades reprimidos o divididos. La preferencia por el trabajo grupal facilita la instalación de un espacio lúdico, ubicado entre las experiencias de ilusión y desilusión, donde el sujeto interactúa y diferencia la fantasía de la realidad, tornándose capaz de comunicarse consigo mismo y con los demás.

En estas prácticas, a menudo nos acercamos a personas cuyas experiencias de impotencia marcan una situación existencial de sumisión, ya sea dentro de la familia o debido a necesidades específicas. Concebimos estas prácticas en diferentes escenarios trabajando con una escucha fina, como instrumento para capturar movimientos transferenciales y confiando en las reverberaciones de los mensajes inconscientes destinados a producir sentidos y transformaciones defensivas.

Podemos decir que estas prácticas actuales fueron inspiradas, incluso sin nos darnos cuenta, por los pioneros del movimiento psicoanalítico, una vez que Freud ya señaló ese camino. Abordan la miseria de un mundo contemporáneo y, más que nunca, en la actual crisis de salud planetaria, que expone el colapso de un modelo individualista. Estamos experimentando una tormenta que nos afecta a todos, pero algunos con mejores barcos que otros.

Por todas estas razones, considero y defiendo la experiencia de las prácticas como un recurso en la formación analítica debido a su carácter de investigación conceptual, su articulación con otros conocimientos y diferentes lenguajes artísticos, porque es una práctica que, al ayudar a las poblaciones traumatizadas por diferentes factores en diferentes settings, expone al analista a moverse hacia la radicalidad de lo no conocido sobre el otro y al ejercicio de la libertad creativa a través de un terreno fragmentado. En otras palabras, la educación / transmisión se lleva a cabo a través de la práctica, que, a su vez, resignifica la teoría.

Tal vez haya llegado el momento de que las instituciones psicoanalíticas se den cuenta de la urgencia y la conciencia de la necesidad y empiecen a vivir estas preocupaciones en el corazón de sus Institutos de Formación. Nuestras instituciones convocadas a la responsabilidad social de acceder al psicoanálisis a un mayor número de personas se encontrarán en buena compañía, con el propio Freud, aunque ya con 100 años de retraso.

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