Entrevista con las representantes del Grupo de Estudio Psicoanalistas en la Comunidad (Ge-Comunidad)

Isabel Inês Mansione (Coordenadora) APdeBA

Eliane Marcellino (Co-coordenadora) SBPRJ

Cristina Curiel (secretária) SPM

1. ¿Cómo pretende funcionar el Grupo de Estudio Psicoanalistas en la Comunidad (GE-Comunidad) y cuáles son sus objetivos?

Nuestra historia cuenta algo sobre cómo pretendemos funcionar. Durante un año y medio, entramos en contacto con diferentes grupos de sociedades psicoanalíticas de FEPAL en que trabajamos en y con la comunidad. Eso sucedió a partir de los vínculos de familiaridad con colegas que, a su vez, nos colocaron en contacto con otros colegas.

Hasta el momento, después de una convocatoria en el Congreso de Lima en 2018 y otra en la ciudad de Buenos Aires el 22 y 23 de agosto de este año –con la presencia de Virginia Ungar, Cristina Fulco y Laura Katz-, fueron enviados proyectos de tres sociedades de Argentina (APdeBA, APA y SAP), dos sociedades de Brasil (SBPRJ y SPPA), una sociedad de Perú (SPP), dos sociedades de México (AMPIEP y SPM), y se está conversando la incorporación de la sociedad de Uruguay (APU).

Compartimos algunas premisas, como la de que la vida y el crecimiento en general necesitan de vínculos, y de que en cada local de trabajo en la comunidad desarrollábamos programas y/o proyectos para que esos vínculos estuvieran siendo construidos al servicios de los cuidados con la vida del sujeto, la vida del otro y, en algunos casos, la vida institucional. El trabajo en la comunidad permite, al mismo tiempo, una difusión de la visión psicoanalítica y de los dispositivos psicoanalíticos que multiplican la cantidad de efectores y receptores.

Agruparnos fue una idea para establecer una red de trabajos en comunidad, cuyas experiencias y conocimientos sin fronteras nos permitan aproximarnos para intercambiar proyectos, sea de extensión o de investigación, para compartir, escribir, sistematizar conocimientos, aprender, investigar y dejar un legado para los colegas jóvenes. También para que el conjunto de trabajos no se pierda de la memoria colectiva y la función del psicoanalista en la comunidad sea reconocida con una identidad específica: sea en escuelas, hospitales, tribunales, clubes, barrios, desastres naturales, situaciones de emergencia social, etc.

La actuación de estos trabajos diferentes en y con la comunidad nos obliga a pensar en las implicancias y reverberaciones de nuestro papel como analistas, ampliando lo que entendemos como clínica y haciendo trabajar la teoría para dar cuenta de settings diferentes de lo tradicional. La clínica ampliada exige reflexiones importantes respecto de los dispositivos de cuidado actuales, de los límites de los settings y de las tecnologías tradicionales de escucha, acogida e interpretación.

Al formar un grupo de estudio enfocado en estas modalidades de intervención ampliada, el primer objetivo es socializar esas informaciones e invitar colegas de diferentes sociedades de FEPAL a que se integren en un espacio donde el psicoanálisis es vivificado y donde se puede encontrar conceptos que están inmersos en los hechos cotidianos, conceptos que debemos recoger a partir de investigaciones cualitativas y también cuantitativas, para retornar con programas y proyectos comunitarios enriquecidos con las voces de los diferentes actores sociales.

Pensamos en diferentes estrategias acerca de cómo podremos funcionar regularmente, tales como: reuniones periódicas por videoconferencia; mantener una vía abierta de comunicación por email y por mensajes de texto de celular; planificar encuentros presenciales durante los congresos y aprovechar los encuentros científicos locales o regionales que favorezcan el desplazamiento de los participantes, aunque sea sin la presencia de todos; hacer disponible la información a través de un banco de datos de los proyectos ya realizados y de los proyectos en marcha, así como la producción y el resultado de los estudios realizados por la GE-Comunidad.

La utilidad de esta propuesta es reunir una memoria colectiva de marcos teóricos, estrategias y herramientas, reuniendo de los actores sociales los problemas de cada época, mostrando que somos psicoanalistas y, al mismo tiempo, somos personas que cuidan de personas del tejido social.

En todo grupo hay un efecto sinérgico, en el que la capacidad de resolución de problemas y su capacidad de producción aumentan significativamente, y esperamos eso del grupo en formación, para que podamos pensar, cuestionar y reflexionar acerca de un psicoanálisis en movimiento.

2. América Latina posee amplia tradición de psicoanalistas que realizan trabajos en la comunidad. ¿Podrían contarnos un poco sobre cuáles son las iniciativas que el GE-Comunidad pretende implementar para iniciar su trabajo?

En primer lugar, con el fin de divulgar el Grupo de Estudio, entraremos en contacto con todas las sociedades componentes de FEPAL y estimularemos la adhesión al grupo. Aclararemos sobre la finalidad de ser un programa con el objetivo de agregar y fortalecer los diferentes trabajos ya existentes, realizaremos investigación sobre esas formas de psicoanálisis clínico en settings diferenciados, promoveremos alternativas de intercambio de experiencia en los congresos locales de FEPAL y de IPA.

Ya, en ese primer contacto, invitaremos a las instituciones a un intercambio entre los diferentes trabajos en la comunidad ya realizados y los que están en marcha en las sociedades. Así, obtendremos información sobre los trabajos, su historia, forma de inserción e implementación en la institución de origen. El objetivo será conocer la especificidad de las iniciativas, la metodología construida, su objetivo general y específico, su articulación con otras instituciones y con universidades, la participación de los miembros de la sociedad, la inserción y las resistencias institucionales, y la divulgación de esos conocimientos y prácticas.

Inicialmente, haremos una propuesta de que cada institución pueda revelar su comprensión sobre la motivación institucional local para ese tipo de práctica que tradicionalmente existe en muchas sociedades y es realizada por muchos psicoanalistas. ¿Será que los diferentes países e instituciones poseen las mismas motivaciones que nortean tales prácticas de psicoanálisis en la comunidad? ¿Será que los institutos de formación se benefician de ese conocimiento teórico y práctico?

Pensamos que es de suma importancia poder realizar intercambios psicoanalíticos interinstitucionales en América Latina. Poder ampliar el alcance y favorecer los intercambios de trabajos realizados en comunidad; conocer los ejes de investigación y las diferentes poblaciones atendidas por los trabajos; crear un banco de datos de trabajos realizados en las comunidades, sea sobre violencia, feminicidio, abusos, educación, etc.; abrir la posibilidad de lidiar con la diversidad de actuaciones.

3. ¿Qué acciones pretende proponer el GE-Comunidad después de este momento inicial de formación del grupo?

Al tener esa información preliminar, podremos hacer un documento general con todos los proyectos ya realizados y los que están en marcha para hacerlo circular por todas las sociedades.

Proporcionar un estudio sobre la historia de la tradición del psicoanálisis en la comunidad en el continente latinoamericano. Estimular la producción de los resultados de esa investigación para hacerlos circular internamente y para ser divulgados en los congresos locales, de FEPAL y de IPA. Podremos presentar el resultado de esa iniciativa en el Congreso de Montevideo, en 2020, y prepararnos para Vancouver, en 2021.

Crear dispositivos de movilización en las instituciones para que haya un mayor diálogo de intercambio de experiencia de esos trabajos que exigen pensar la teoría, repensar la técnica y la práctica psicoanalítica ante el sufrimiento contemporáneo.

Estimular la divulgación de esos trabajos y su producción teórica para incentivar formas de superar resistencias posibles y apoyar las iniciativas propias en marcha. Esa movilización podrá generar amplia reflexión local y regional sobre el valor de esas prácticas.

Pensando en una escala mayor, en términos de formulación de políticas públicas, podrían proponerse espacios donde las personas puedan hablar sobre sus emociones en diferentes campos, sea a partir de sus experiencias de trabajo (como en el caso de profesores o médicos), de situaciones que afecten sus vidas (como dolencias o desastres naturales) o en instituciones de enseñanza, en las cuales los niños pueden desarrollar el hábito de registrar emociones y hablar sobre ellas, por ejemplo.

Proporcionar estudios sobre temas concernientes a las exigencias ante el sufrimiento mental contemporáneo, haciendo trabajar la teoría y la técnica, además de definir la participación del movimiento psicoanalítico en la concepción de una red de cuidado ante los desafíos que se presentan en la clínica actual. Esos estudios, locales y trasnacionales, podrán ser de utilidad para el fortalecimiento de iniciativas actuales de nuestros órganos de representación (FEPAL e IPA).

4. ¿Cómo piensan la inclusión de esta perspectiva social de clínica ampliada en los institutos de formación de las sociedades psicoanalíticas?

La estructura pedagógica de una institución de enseñanza refleja sus propios objetivos. Nos preguntamos si nuestros institutos de formación, a pesar de los reconocidos avances verificados en los últimos años, todavía tropiezan por falta de un proyecto político-pedagógico organizado. La dificultad de delinear el perfil pedagógico, de establecer metas y estrategias y de construir categorías educacionales no es patrimonio de las instituciones de enseñanza. La velocidad de los cambios sociales exige el dinamismo de las instituciones para adecuarse a los diferentes contextos. La formación de este GE funciona también como recordatorio e intención de que las instituciones psicoanalíticas precisan esforzarse para incluir, en la formación de los futuros analistas, la reflexión acerca de qué profesional se desea formar.

Creemos en la opción institucional de una formación basada en el principio de autonomía y de libertad pedagógica para que cada institución se aliñe al principio libertario del pensamiento psicoanalítico y que se comprometa con las demandas clínicas de la actualidad. Sólo así podremos preservar la frescura de investigaciones psicoanalíticas y prácticas en el setting convencional y en los alternativos. Precisamos, más que nunca, fortalecer asociaciones institucionales para mayor participación en el movimiento de salud mental de los países de América Latina y responder institucionalmente a nuestra responsabilidad social.

La experiencia de trabajos en y con la comunidad es pensada como recurso fructífero en una formación analítica, debido a su carácter de investigación conceptual, por su articulación con otros saberes y diferentes lenguajes, por ser una práctica que expone al analista a moverse en dirección a la radicalidad del desconocimiento del otro y al ejercicio de libertad creativa a través de un terreno fragmentado, en el que la posibilidad de escucha psicoanalítica precisa ser reiteradamente sustentada.

Pensamos aún que la formación de este GE y la diseminación del trabajo psicoanalítico en y con la comunidad puedan apoyar a las sociedades psicoanalíticas en la inclusión de esta visión más amplia de formación en los institutos, para que los analistas en formación integren tanto la necesidad como la importancia del trabajo comunitario del psicoanálisis. También en la formación psicoanalítica es necesario construir espacios que favorezcan la constitución de grupos y equipos de trabajo, desarrollando habilidades de comunicación y persuasión junto a las instituciones de nuestra cultura.

5. El Congreso FEPAL 2020 tendrá como tema FRONTERAS. ¿Cuáles son las fronteras y desafíos de los psicoanalistas en la comunidad?

Pensamos en llamarnos “Psicoanalistas sin fronteras”, justamente por el hecho de nuestro trabajo de colocar en movimiento las fronteras tradicionales de los campos de aplicación del psicoanálisis. Al final elegimos, como grupo de estudios en formación de FEPAL, el nombre de “Psicoanalistas en la Comunidad”. Trabajar en la comunidad es un desafío para las fronteras ya que, cuestiones como la decisión de vivir o morir, las diferentes modalidades de género, la violencia en sus diferentes formas, migraciones, etc., nos desafían diariamente y nuestro trabajo es mantenernos en un estado de no entendimiento. Salir del consultorio hacia la comunidad implica desarrollar habilidades para el trabajo en equipo, superar el narcisismo y las posiciones etnocéntricas.

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