¿El mundo está cerrado? Reflexiones sobre el efecto de la pandemia y el aislamiento en niños con dificultades en su subjetividade

Hoy, con la generosa contribución de la Dra. Claudia Bregassi, Semillar propone mirar a los niños con dificultad en su subjetividad.

¿El mundo está cerrado? Reflexiones sobre el efecto de la pandemia y el aislamiento en niños con dificultades en su subjetividade*

Dra. Claudia Bregazzi**

Psicoanalista, Miembro titular con función didáctica de APdeBA

Estamos frente a una situación inédita, que nos ha tomado a todos por sorpresa y ha modificado sustancialmente nuestras vidas. Toda la familia en casa, los chicos sin poder salir ni moverse mucho. La inmovilidad es uno de los estados menos tolerados por los niños. De hecho, una nena de 3 años y medio, a la cual se le negó el pedido de salir a un lugar que le gustaba mucho, con el argumento de que no se podía por el coronavirus, razonó filosóficamente “si, ya sé… El mundo está cerrado”.

Esta es la sensación de los chicos, y tambien del niño o niña que todos llevamos adentro: un cierre abrupto de lo que despertaba nuestro interés y de las situaciones que nos daban placer, una suspensión del tiempo que hace que todos los días parezcan iguales… Se “congeló” el calendario, ¿terminará esto alguna vez?

Los niños tienen su manera de reaccionar que a veces desconcierta a los adultos y los hace transitar caminos que no siempre mejoran las cosas, lo cual puede llevar a una serie de malentendidos en cadena y todos la pasan mal. Un chico triste puede estar muy irritable y agresivo, en su duelo por la escuela, por sus amigos, por su rutina y tambien por sus padres de siempre, que a veces están distintos, preocupados por perder su trabajo, por enfermarse, por sus propios padres –los abuelos del niño- que no siempre pueden ver.

Ahora bien: en algunas familias hay situaciones especiales que hacen aún más delicado este esfuerzo de comprensión y adaptación entre padres e hijos: una de ellas puede ser un niño que desde antes de este acontecimiento estaba luchando, junto con su familia, por lo que los profesionales llamamos “subjetivarse”, o sea convertirse en dueño de sí mismo y a la vez relacionarse con los demás. En realidad de esta manera nos convertimos en humanos: desarrollando nuestras potencialidades en una matriz de relaciones afectivas. Estos niños –a veces rotulados como sufriendo retrasos en el desarrollo o del espectro autista- que tienen un poco más de dificultad en conectarse a esta red relacional, que están siendo ayudados afectuosamente por sus familias y un equipo de profesionales, que se sentían protegidos por un sistema de rutinas y lugares conocidos, de pronto se han quedado sin esas rutinas y esos lugares y pueden sentirse perdidos.

Y así como para nuestra niña de tres años y medio, totalmente normal, que disfrutaba de sus amigos, de su escuela, de sus padres jóvenes y activos, el mundo se ha cerrado abruptamente, estos niños y niñas, que no siempre tienen clara la diferencia entre ellos y el mundo que los rodea, pueden sentirse muy amenazados y “cerrarse” defensiva y miméticamente ellos mismos. Pueden entonces retroceder, reforzar el aislamiento, volver a conductas de autoestimulación que ya habían abandonado -hamacarse, chuparse el dedo sin motivo aparente, lastimarse- o simplemente “colapsar”: volverse más desinteresados, más retraídos. O bien llorar sin motivo aparente, excitarse, volver a deambular erráticamente… ¿Podemos evitarlo? ¿Podemos moderar su sufrimiento y al mismo tiempo aliviar el nuestro?

Parafraseando a Bernard Golse**, gracias a sus tratamientos este niño o niña estaba aceptando “que el mundo exterior existe y que no es una amenaza para él”… cuando de pronto el mundo parece convertirse en una amenaza para todos los que viven en él. Alguien o algo “pateó el tablero” y es difícil mantener las piezas en su lugar. Cada padre o madre deberá adaptarse de la manera que pueda a las nuevas necesidades del niño: ser tranquilizado y a la vez mantener la tenue relación consigo mismo y con los otros que había logrado. No hay reglas fijas. Pero podemos dar algunos indicadores que pueden guiarlos:

– Según el momento evolutivo de cada chico, intentar explicar lo que está pasando con palabras simples y algún dibujo.

– Repetirlo cariñosamente cuantas veces sea necesario.

– Respetar el retraimiento del niño pero quedarse afectuosamente alerta a sus mínimos intentos de reconexión.

– Mantener contacto con los profesionales que atienden al chico y a la familia por vías alternativas; teléfono, whatsapp, skype… pero no obligar al niño a conectarse si no quiere. O sea, mantener contacto con el mundo activamente y permitir que el niño quede en segundo plano observando lo que hacemos; en algún momento querrá intervenir aunque sea con un gesto o una palabra.

– Permitir que el chico se enoje; por supuesto, sin lastimarse ni lastimar a otros. Y si fuera posible, convertir en un juego “enojarse con el coronavirus” lo cual habilita una vía de descarga con un poco de humor.

– Favorecer formas simbólicas de expresión, si es que el niño puede; o, en su defecto, ofrecer algunos símbolos simples: un dibujo, una canción, un gesto que actúen como una nueva rutina tranquilizadora y a su vez como un espacio transicional.

Sabemos que estamos en una crisis, también solemos saber que a consecuencia de las crisis uno puede quedar debilitado o salir fortalecido. Cada persona y cada familia tienen su manera de transitarlas y de abrir las puertas cerradas o que amenazan con cerrarse. Abramos las puertas existentes y habilitemos nuevas que comuniquen con nuevos espacios mentales y relacionales. Convirtamos el tiempo circular en un tiempo lineal con pasado, presente y futuro. Los psicoanalistas estamos dispuestos a colaborar en ese sentido, aprendiendo también de la experiencia.

*    Texto publicado previamente en los sitios web de APdeBA – Associação Psicanalítica de Buenos Aires e IPA.

** Médica psicoanalista, especialista en Psicoanálisis de Niños y Adolescentes. Miembro titular con función didáctica de APdeBA. Coordinadora del Área de Autismo y Patologías Graves de la Infancia de APdeBA. Directora de la Especialización en Psicología Clínica de Niños y Adolescentes del IUSAM de APdeBA. Correo electrónico clau.bregazzi@gmail.com

*** Golse, Bernard. Sobre lo que no podemos ceder. En Revista Francesa de Psicoanálisis, 2012. Revista on line Controversias en Psicoanálisis de Niños y Adolescentes. Link controversiasonline.org.ar Dossier Nro. 13 sobre autismo, 2013

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