Difusión del caos en las redes sociales – comunicación masiva según Edward Bernays

Por Lucio Lauro Massafferri Salles. Psicólogo y Profesor. Doctor y Docente en Filosofía (UFRJ) Especialista en Psicoanálisis (USU). Miembro del Colectivo Psicoanalistas Unidos por la Democracia (PUD), Rio de Janeiro.

La primera vez que me encontré con la expresión Guerra Hibrida, fue en el año 2013.  Despertaron mi curiosidad, una secuencia de publicaciones en el muro de Facebook de un conocido, escritas en una línea de tiempo. Esos posteos fueron hechos por una tercera persona que angustiosamente aludía a una persecución y vigilancia a la que todos supuestamente, y no solo él, estaban sometidos, sin saberlo. El discurso de ese sujeto era que estábamos siendo objeto de una guerra hibrida en internet, principalmente en el territorio de las redes sociales. Este, según él, tal como sabemos que ocurre en guerras convencionales, los instrumentos usados en una guerra hibrida, mucho más que sobre los cuerpos, estarían destinados a lograr manipular y controlar la psiquis de las personas. En 2013 no se había publicado aun el libro Hybrid Wars-from the Color Revolutions to the Coup, del politólogo estadounidense radicado en Rusia Andrew Korybrko (1). Las graves denuncias de espionaje y vigilancia que el ex analista de sistemas de la CIA y la NSA Edward Snowden, realizadas a las periodistas Gleen Greenwald y Laura Poitras (The Guardian) durante su huida desde Estados Unidos, entre mayo y junio de 2013, tardarían en difundirse por todo el mundo, a través del premiado documental Citizenfour( 2).

Al final del año anterior (2012) en un grupo de discusión del curso de posgrado en filosofía, recuerdo que surgió la especulación de que las bases de la estabilidad política en Brasil, iban a ser golpeadas de manera similar a lo que ocurrió en Paraguay a mediados de ese mismo año. Exactamente un año después, en junio de 2013, Brasil parecía estar viviendo su propia versión de la  “Primavera Arabe” (3), con una alta tasa de adherencia a las manifestaciones callejeras caracterizadas, en general, como espontaneas, multiculturales  y aparentemente, sin banderas especificas. Vivido con intensidad y sin tiempo ni espacio para una mayor reflexión en el momento, esas ebulliciones en las calles brasileñas se caracterizaron por manifestaciones de personas descontentas o que exigían diversos cambios en la situación sociopolítica del país. Dos años después (2015), otra ola de manifestaciones tomaría las calles. Esta vez caracterizada de manera uniforme con un símbolo del futbol nacional (la camiseta amarilla), una multitud diferente a la que formó la ola de junio de 2013, exigiendo la deposición del gobierno que había ganado en las urnas en 2014, año que quedó también marcado por una herida narcisista que se abrió en el “País del futbol” y que fue provocada por la contundente derrota de la selección brasileña, delante de la uniformada selección alemana.  Una vez contaminado por el resentimiento y el sentimiento de odio estratégicamente cultivado a través de las redes, es probable que la inconformidad con las derrotas en las urnas y en el campo deportivo se hayan mezclado y servido de combustible para encender la imaginación de este hervidero.

Este resumen cronológico de testimonios tiene como objetivo mostrar que algo nuevo ha estado sucediendo no solo en Brasil, sino en varias partes del mundo, desde entonces.

La novedad, no está tanto del lado de las coincidencias entre los recientes levantamientos y las rupturas violentas de los llamados sistemas políticos democráticos, sino en los medios y dispositivos utilizados para lograr estas desestabilizaciones. Como en algunos otros lugares, las convocatorias que se produjeron, inicialmente en las redes, estuvieron marcadas por una diversidad de agendas generando grandes muchedumbres, que reverberaron en las calles.

Sabemos hoy que las redes sociales, con sus algoritmos, también sirven como plataformas a través de las cuales se difunden “bombas semióticas” capaces de provocar y manipular emociones, cristalizando sentimientos como el miedo y el odio sin que la gente pueda saber a ciencia cierta la autoría y la fuente de los disparos. Hasta hace poco, en la mayoría absoluta de los objetivos de estos artefactos psicolingüísticos, no se sabía que podían estar infectados (como es el caso de las infecciones virales). Al recibir una carga de imágenes que contienen signos subliminales, dobles mensajes, memes y montajes de video, entre otros, el sujeto ya capturado por este tipo de enfoque tiene dificultades para romper el patrón de replicar, viéndose obligado también a confirmar la veracidad o intención del contenido con alguien de una de sus burbujas, al buscar el llamado sesgo de confirmación, o simplemente asimilarlo, en el silencio de su navegación en el ciberespacio.

Comparto la observación de Byung-Chul Han (4), cuando dice que la ilusión de una libertad casi absoluta en el llamado “¿A dónde quieres ir?” (¿Qué quieres hacer?), utilizado por la empresa Microsoft,en la fuente de esta world wide web, se ha convertido en control y vigilancia total, constituida en un paisaje de pantalla digital sin fronteras. Este poder (un psico-poder) actúa en la mente mucho más que en el cuerpo, instando a los sujetos a hablar, a exponerse, a compartir sin pensar, llegando al punto en que la persona proporciona datos personales con pleno consentimiento, como fue el caso de los programas no tan ingenuos que ofrecían imágenes de animales que supuestamente correspondían a las personalidades de personas que aceptaban interactuar con estas aplicaciones, antes de compartir su obra de arte final. Mirándolo desde este ángulo, la libertad sin fronteras sugerida en el origen de Internet es de hecho una libertad explotada más que prohibida. En general, los usuarios terminan produciendo incesantemente el material que ellos mismos deben consumir. Y una vez que sus datos, clics, gustos, miedos, deseos, ya están almacenados y catalogados, están inmediatamente listos para su procesamiento y mezcla, como contenido que se difundirá en el torbellino de acciones y visualizaciones. Este aspecto muestra lo viral que es esta comunicación digital, actuando de manera inmediata y casi imperceptible en las emociones, en la mente de los usuarios de la red.

De todos modos, se habla mucho sobre el tema de condicionar la psique, a través de vías como la privación y la recompensa, cuando también se busca comprender el fenómeno en vigor de las personas que, atrapadas en la red, se instalan en disputas y buscan gustos, aprobaciones y likes, siendo estas algunas de las “monedas corrientes” en este tipo de capitalismo de las emociones (5). Sin embargo, hay algo en los instrumentos semióticos utilizados en las guerras híbridas cuyas raíces se remontan a un personaje familiarizado con las nociones elementales del psicoanálisis freudiano.

Además de las estrategias de militares norteamericanos, encargados de situar el campo de posibilidades de la demografía a la luz de la psicología sin necesidad de utilizar armas convencionales, en su libro, Andrew Korybko apunta a Edward Bernays, sobrino de Sigmund Freud y al filólogo Jaco Bernays (6), cuyas ideas revolucionarían el campo de la comunicación centrado en la Propaganda y las Relaciones Públicas, más concretamente en el ámbito de la Política.

Edward Bernays creó métodos sofisticados de persuasión, manipulación para lograr el consentimiento de las personas. Sus técnicas potenciaron los instrumentos lingüísticos e imaginarios conocidos hasta el momento, a partir de elaboraciones basadas en la proximidad que tenía con ciertas ideas desarrolladas por su tío (Freud), sobre el inconsciente y el papel de los lenguajes en relación con él. Bernays no era un psicoanalista, sino un ingeniero en el campo de la comunicación centrado en el logro de la persuasión y el logro del consentimiento en el ámbito de las democracias, a través de la publicidad, las relaciones públicas y lo que él llamó libertad de persuasión. En este campo de acción, sus innovaciones fueron exitosas y devastadoras. Y para desarrollarlos, Edward adaptó las nociones del psicoanálisis aprendidas en contacto con Freud y algunos de sus compañeros psicoanalistas agregando lecturas de autores como Wilfred Trotter, Gustave Lebon y las obras de su contemporáneo Walter Lippman.

Décadas antes de la aparición de plataformas de redes sociales como Facebook, Twitter y Whatsapp, Bernays ya había creado una técnica de contaminación masiva llamada enfoque indirecto, concebida en la perspectiva de que “las palabras, los sonidos y las imágenes pueden usarse como herramientas de un plan con métodos cuidadosamente organizados (7). Si las estrategias están bien pensadas y se utilizan correctamente, dice Bernays, «las ideas transmitidas por las palabras se convierten en una parte integral del pensamiento de la propia población». Según él, «gracias a las ventajas de las tecnologías de comunicación instantánea (se refería a las de su época) personas con los mismos pensamientos y los mismos intereses pueden asociarse y organizarse para promover la acción conjunta, aunque vivan a miles de kilómetros de distancia». Y cuando una masa humana está convencida de la racionalidad de una idea, ciertamente entrará en acción (ya sea que esa idea sea política, ideológica o social).

En una campaña publicitaria para una empresa de alimentos que lo contrató para incrementar la comercialización del tocino, Edward innovó escribiendo un anuncio basado en el prestigio del discurso médico. Dejando a un segundo plano aspectos como sabor, precio e imagen, contrató a unos cuatro mil médicos para certificar públicamente en los canales de la época que un desayuno con huevos y tocino sería una comida muy saludable (nace el desayuno americano), estampando su propaganda con el poderoso “valor de la verdad” del discurso médico.

En otra pieza publicitaria (1929), descripta en el prefacio del libro Propaganda – How to Manipulate Opinion in Democracy (1928 [2004]) (8) Bernays utiliza consejos dados por el psicoanalista Abraham Brill (9) para aprovechar las ventas de cigarrillos de la American Tobacco Company. George Hill, que deseaba conquistar al público consumidor femenino, para el que hasta entonces era tabú, el hábito de fumar. El consejo de Hill fue que “el cigarrillo sería un símbolo fálico capaz de representar el poder sexual de los hombres” y, por lo tanto, Bernays debería fabricar un vínculo entre el cigarrillo y el poder. Para tener éxito en su campaña publicitaria, mostró que las mujeres podían fumar “teniendo así sus propios penes (simbólicos)”. Planificado en minucias, Bernays creó la siguiente situación en el desfile anual de Pascua en Nueva York en 1929. Durante el evento, un grupo de mujeres jóvenes de repente lucía cigarrillos encendidos para los flashes de fotógrafos y periodistas que esperaban la escena para grabar las imágenes que se propagarían como virus, por los medios de comunicación de la época. En el imaginario popular, la escena asoció la entonces actual lucha de las mujeres por el sufragio universal con estas rebeldes “sufragistas que estallaron de fulgor” portando cigarrillos encendidos, sus “antorchas de la libertad”. La campaña tuvo éxito y se conquistó el codiciado mercado consumidor de cigarrillos.

Edward refinó un antiguo arte de dirigir la psique, utilizando imágenes habladas, o palabras escritas (10), creando nuevos métodos de propaganda y manipulación de las masas. Al igual que con varios inventos en el curso de la historia, sus técnicas también han demostrado ser efectivas en el marco de algunas estrategias de guerras convencionales y no convencionales (aquí llamadas híbridas). Un amigo de Bernays, residente en Alemania, le dijo una vez que había visto el libro suyo: Crystallizing Public Opinion (1923) en la biblioteca del mentor de estrategia genocida de propaganda nazi, Joseph Goebbels, lo que permitía dar fe de que esta campaña de persecución y destrucción, había sido meticulosamente calculada y planeada.

El caso que lo eleva a una especie de precursor de las estrategias bélicas híbridas con sus enfoques indirectos, fue el golpe de Estado que sacudió la democracia en Guatemala en 1953, una toma de poder con la ayuda de la CIA, que derrocó al presidente electo. en 1951, Jacob Arbenz. Bernays contribuyó a una serie de acciones basadas en mentiras, rumores y desinformación que lograron fijar en el imaginario popular que el proyecto de reforma agraria del presidente depuesto era, en realidad, “una amenaza comunista” (11).

El mundo actual presenta una serie de cambios de paradigma, con varias democracias sacudidas en sus bases, como si estos movimientos estuvieran planificados dentro de una extraña arquitectura de caos. Casualmente Organizing Chaos es el título del capítulo I del libro Propaganda, de Edward Bernays, dedicado a la manipulación de la psique por los lenguajes, apuntando a la fabricación del consentimiento.

Estos cambios de paradigma se reflejan en los campos de las relaciones presenciales y virtuales, tanto por la gravísima pandemia actual, como por las necesarias y urgentes revisiones sobre el uso que se hace de los dispositivos y sistemas tecnológicos con los que es posible crear y establecer relaciones, como cancelarlas o eliminarlas. La revolución de las redes, que en un principio sugería libertad y transparencia, trajo consigo una realidad de captura de impresiones afectivas y emocionales, al lado del secuestro de datos e información, en una perspectiva real de control, vigilancia y conducción del pensamiento. En este paisaje, donde no se ven fronteras, los miedos, los sueños, los deseos, las alegrías y las tristezas están sujetos a manipulación. Y en el caso de un fenómeno de ruptura complejo, aún vigente y que de alguna manera fue planeado, puede ser un error intentar comprenderlo aferrándose demasiado al pasado, para saber cómo actuar.


REFERENCIAS Y NOTAS

 KORYBKO, A. Hybrid Wars: De las revoluciones de color al golpe. San Pablo. Ed. Expressão Popular. [2015] 2018.

 SOUZA, J. La guerra contra Brasil: cómo Estados Unidos se unió a una organización criminal para destruir el sueño brasileño. Río de Janeiro: Ed. GMT, 2020.

HAN, Byung-Chul. El enjambre. Río de Janeiro: Ed. Vozes, 2018.

BERNAYS, E. Comentario Manipuler l’opinion en démocratie. Trad. Oristelle Bonis. París: Ed. La Découverte, [1928] 2007. ___________

Cristalizando la opinión pública. Nueva York: Ig Publishing, 2015.

La ingeniería del consentimiento. Oklahoma: Prensa de la Universidad de Oklahoma, 1955.

 Documental Citizenfour: https://www.youtube.com/watch?v=kPCd0rMYxjg.

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1 – El libro de Andrew Korybko, Hybrid Wars – from the Color Revolutions to the Coup salió a la luz en 2015.

2- Gleen Greenwald recibió el Premio Pulitzer por este documental, realizado en una habitación de hotel en Hong Kong durante el tiempo que Snowden esperaba su transporte a Rusia, que le otorgó asilo político. Enlace al documental: https://www.youtube.com/watch?v=kPCd0rMYxjg.

3 – Vale la pena pensar aquí en las Revoluciones de Color, que expresan con mayor precisión las manifestaciones de carácter político que pretendían convulsionar y degradar gobiernos que se oponían a la hegemonía política y la influencia estadounidense.

4 – Ver EmPsychopolitics – Neoliberalism and the new Techniques of Power, de Byung-Chul Han (pp. 18-19).

5 – La expresión es utilizada por el filósofo Byung-Chul Han para referirse a los mecanismos de exploración / producción / consumo en la gran cadena.

6 – Edward Bernays era hijo de una de las hermanas de Freud (Anna Freud Bernays) y Ely Bernays, hermano de la esposa de Freud (Martha Bernays Freud) y sobrino, por parte de su padre, del profesor de filología clásica Jacob Bernays, habiendo comenzado a actuando profesionalmente en los años veinte del siglo pasado, en Estados Unidos, que es donde se había trasladado su familia, en el año 1892 (Edward nació el año anterior, 1891, en Viena).

7 – Cfr. En el ensayo de Edward Bernays titulado La ingeniería del consentimiento y en el libro Propaganda – cómo manipular la opinión en democracia. Andrew Korybko comenta sobre el pasaje, en Hybrid Wars – from the Colour Revolutions to the Coup (págs. 45-46).

8 – Ver el prefacio de la traducción francesa preparada por Normand Baillargeon (páginas 21-22).

9 – Abraham Hill fue un psicoanalista austriaco afincado en Estados Unidos que mantuvo correspondencia con Freud hasta el final de su vida en 1939.

10 – Me refiero al texto Elogio de Helena, del filósofo itinerante siciliano Górgias Leontino, donde presenta una analogía entre lenguajes (habla, escritura e imaginería) y drogas (phármaka), destacando el poder de los discursos y las imágenes para liderar, persuadir, curar o enfermar la psique.

11 – La participación de Edward Bernays en este evento en Guatemala es analizada en detalle por Jessé Souza, en el libro Guerra contra Brasil.

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